Boletín N.º 47 Actualización v3.2
La vida privada: adónde salís y qué pasa con tus hijos
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Gobernar cansa, y el cansancio enferma. Ahora podés salir: un asado con los amigos de siempre, el clásico desde el palco, una noche de whisky en Villa Morra, el casino, una escapada a Punta del Este. Bajan el estrés de verdad, cuestan plata y cada una tiene su probabilidad de terminar en tapa.
Algunas salidas dejan una historia empezada. Esa historia tiene nombre, se enoja un poco más cada mes, pide cosas y —si la dejás mal— habla en televisión con capturas. Si sale publicado, la Primera Dama decide: aparece del brazo en un acto oficial, o se va de la residencia con dos valijas.
Y están los chicos. Tienen edad y etapa —jardín, escuela, colegio, facultad— y siete lugares donde mandarlos, de la escuela pública del barrio a una universidad en el exterior. La cuota se paga sola todos los meses: primero de tu plata limpia y, lo que falte, de la bóveda, y eso queda anotado en el expediente. Crecen, cambian de etapa y piden: el teléfono, la fiesta de quince, el auto de los dieciocho, un lugar en la lista.
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